El orden en que aprendemos primero a hablar y luego a escribir, responde de alguna manera, al orden en que el lenguaje y la escritura aparecieron en la humanidad.
Durante muchos siglos fue suficiente para las necesidades comunicativas del hombre que la lengua nada más se hablara, pero un día, sintió la necesidad de contar también con alguna forma de presentar las palabras, y se inventó la escritura. Aunque ambas nacieron en diferentes momentos históricos, la lengua hablada no tiene menor ni mayor jerarquía que la lengua escrita, ni son comparables entre sí por criterios de calidad. Lo que sucede es que cada una cumple fines distintos: la lengua hablada es, por excelencia, el instrumento comunicativo del hombre; y la lengua escrita es el vehículo más apto para la conservación del pensamiento y la trasmisión del conocimiento.
Sin las palabras y la capacidad de expresarlas por medio de la voz, resultaría en extremo difícil y casi imposible, coordinar las actividades más elementales de la vida de relación.
Cuando el hombre comunica sus necesidades e ideas a otro, para lograr su comprensión o conseguir su cooperación, debe hablar bien, de modo coherente, convincente y preciso. Al hablar, se comentan frecuentes incorrecciones, se utilizan escasas palabras y muchas veces ni siquiera se terminan las frases; esto es porque los gestos, la expresión corporal, el tono de voz, el contexto en que se habla, contribuyen a entender y ser entendido.
La comunicación verbal tiene problemas comunes con la expresión escrita, entre otros la claridad, la precisión, el uso correcto del lenguaje, etc., cuestiones que afectan por igual a uno y otro sistema de comunicación.
Existen aspectos que se deben considerar al practicar la lengua oral:
a)Entonación adecuada. Matiz de la voz de acuerdo con lo que se expresa.
b)Volumen. Mayor o menor intensidad de la voz con la que se expresa una palabra, oración o texto.
c)Buena dicción. Pronunciación clara de las palabras.
d)Vocabulario apropiado. Palabras adecuadas a lo que se está diciendo, empleo de sinónimos para evitar la repetición de términos.